martes, julio 29, 2008
domingo, julio 27, 2008
Yo elfo, Yo nadie
Los humanos están ciegos al mundo. Nunca pueden dejar de mirarse, Y sin embargo, son espejos que se reflejan a si mismos en el mundo mientras este se refleja en ustedes de forma simultanea. Nosotros estamos más allá y en realidad mucho más acá. Nosotros somos tierra y rama, hoja y viento, rana y lodo, cada piedra y cada eco resuena en nosotros. Nuestro cuerpo esta hecho de los elementos del mundo combinados de manera perfecta y concentrada, pero somos más que eso. Somos la Tierra, Más parte de ella que ninguno, pues somos su misma esencia consciente y andante. Como todos quizás, pero obviamente únicos. Nosotros no tenemos que entender al mundo, ni interpretarlo, pues no es algo que vaya más allá de nosotros, Simplemente somos y seguimos palpitando, conectados a la misma fuerza cual los capilares del planeta. Quizás tu visión humana antropomorfizadora nos vea como criaturas que caminan, y hablan y respiran independientes. Pero nosotros sabemos ver, pues no vemos nada, ni necesitamos verlo. Todos nuestros pastos y pájaros, nuestros humanos y sus culturas, nuestras llanuras y valles, somos todos ellos y siempre seguimos siendo nosotros, nunca dejaremos de serlo. Tal vez uso estos términos para que tu, que eres humano, lo entiendas, pero para mi no son llanura, ni hoja, ni viento, soy yo y así como tu sientes tu pequeño cuerpo mortal yo siento el mundo. Tal vez no uso ningún termino, podría no hablar podría solo silbar con el viento toda la eternidad, hablar solo con el bramido del mar, pero tu humanidad siempre necesitara escucharlo así, en sus propios términos e idioma. Porque nunca pueden dejar de reflejarse en mi, como yo me reflejo en ustedes a cada segundo.
miércoles, julio 23, 2008
¿Qué es?
viernes, julio 18, 2008
miércoles, julio 16, 2008
martes, julio 15, 2008
Algunas piedras están mejor en el río.
domingo, julio 13, 2008
A wolf at the door
El bastardo bailaba y yo lo mirabailar. Era una especie de duende irlandés. De esos que se encuentran junto a la olla de oro y al final del arco iris. Que llevan pantalones hasta la rodilla, van todos de verde, con sus gorritos y sus zapatos con hebillas. Bailaba y hacia malabares con tres flanes. Cuatro flanes, cinco, seis, siete, doce, quince. Y de golpe toda la pantalla se llenó de flan.
“GAME OVER”
Suspiré
“INSERT COIN”.
-Ándate a la mierda.
Me alejo de la máquina y voy hasta la pared. Hay un espejo, de marco ovalado negro y con muchos fileteados alrededor. Cuando estoy por vislumbrar la cara, toda la pared esta llena de espejos. Yo tengo un chaleco de fuerza, el cuarto es todo blanco, blanco y acolchonado. Desde la ventanita de la puerta veo asomarse al lobo. Tiene un tubo de teléfono rojo en la mano. Me llama, y ahora hay un teléfono idéntico, sonando al lado mío. No puedo atenderlo, pero lo miro a los ojos y me aterroriza, me domina. Habla directamente desde mi cabeza, se abre paso rugiendo desde lo más profundo del subconsciente. Eso no impide que el teléfono me taladre los tímpanos. En ese instante llega el enfermero, una jeringa verde, del mismo tono que su guardapolvo, su barbijo y su gorrito. Todo suave y tranquilo. Es moreno, Es un pequeño armario disfrazado de enfermero. Yo me pongo a llorar desde que lo veo entrar. El lobo entra con él e intentatacarlo, camina a su alrededor a una velocidad irreal, mientras el enfermario camina tan lento como si nos separara hierro sólido. El teléfono me va a hacer sangrar todos los orificios del cuerpo. Pero él no se intimidaba con el lobo, no escuchaba el teléfono. Para el son solo alucinaciones, no puede verlos, no puede racionalizarlos y entonces no existen (en él). Porque algunas cosas solo necesitan que creas en ellas para ser reales.
-No llores- malinterpreta el enfermario.- Sabés que te hace bien.
Una sonrisa instantánea se dibuja en mi cara. Mientras ese elixir esmeralda se ramifica en mis venas. Viaja a través de mis sentidos, nulifica todos mis males. Comprendan, el lobo no tiene tiempo de agitar el puño amenazadoramente en el aire, desaparece, no se desvanece, no se esfuma. Como un recorte de cámara muy malo, esta y de golpe no esta más. El enfermero se empieza a desvanecer, mientras me habla en cámara lenta a través del algodón de azúcar. Y todo el cuarto toma colores, mientras me recuesto y me dejo llevar por una marea violeta, que me arrastra suavemente hacia dulces islas, muy muy lejos de donde aguarda el lobo.


