viernes, octubre 31, 2008
martes, octubre 28, 2008
Los Locos
La virtud característica del ser humano es la fe. Es querer creer en algo y así hacerlo real. La única realidad es la fe, ya sea en la ciencia, en la religión, etc. Lo que creemos es lo real. Y los “locos" nos asustan, porque cambian las reglas, nos hacen ver que nuestra realidad no es tan nítida ni tan clara como todos creíamos. Entonces los encerramos, porque no juegan con nuestras reglas y entonces no pueden jugar en absoluto. Pero por más envidia que nos dé, ellos seguirán en su propia realidad. Mientras nosotros seguimos atados, a las guerras, el hambre, la inseguridad y otros tantos delirios masivos, mucho menos placenteros.
En el fondo todos queremos romper con el mundo. Dejarlo todo patas para arriba y empezar de cero. Esa es la naturaleza de nuestras almas. Florecer, única y pura como es, más allá de familias, nombres, títulos, rutinas y loqueseas. Pero estamos tan malditamente locos que nos institucionalizamos desde pequeños, para acostumbrarnos a las rutinas y no prestarle atención a las cosas que verdaderamente importan. Evitamos lo que más anhelamos, porque no es o Dios o Diablo. Es anhelo y terror, es deseo y negación. Es diferente y es puro, pero es inseguro e incierto, no es nada cómodo a diferencia de la realidad común. No promete nada, y quizás no otorgue felicidad al final del camino. Te lleva por senderos de vergüenzas, que te aterran y repelen. Te hace realizar pruebas para las que te creías imposiblemente incapaz. Mata tu mascara de comodidad, te mata, para que vivas de verdad por primera vez. Y ya no te preocupes más porque tocaste tu alma en vida.
Deshilvanándome la cabeza, mareado y perdido, vuelo impulsado a alta velocidad. Siento frío y veo luces. Vuelo, flotando atemorizado de chocar con la realidad. Las calles se abren oscuras como bocas de lobo, pero se cierran sobre nosotros llenas de colores misteriosos y opacos. La noche no entra aquí y para ver el mundo debo mirar a través de mi rostro. El mundo pasa a toda velocidad, mudo y distante. Adentro se escucha el alboroto del motor y todo el colectivo vibra y zumba y entonces podés hacer como si no los escucharas. Pero sin sonido, vez como sus caras se tensionan y estallan. Ves como el odio florece y toma forma en sus rostros. Y cuando el sonido para, se susurran y eso solo es más terrible. El odio frío como un puñal, susurrado a lengua de serpiente, siempre es más venenoso. Y todos lo disimulan, con frío de puñal y todos aparentan no darse cuenta. Pero la serpiente ya los mordió, quieran o no hacer sonido.
(anda a saber aparecen cuentos guardados por ahí, se les corrige un poco la gramática pero lo demás... anda a saber)
